La palabra de moda. Seguro que has oído hablar de la procastinación, ese gran villano que acaba con nuestras posibilidades de mejorar en cualquier ámbito, pero ¿qué es la procastinación?

Pues no es, ni más ni menos, que la tendencia infinita a hacer el vago y dejar para mañana lo que puedes, no, lo que deberías estar haciendo hoy.

Un consejo gratis, así, de entrada: si vas a montar un negocio, si sabes hacer algo que te gusta y que puedes vender, llegando a vivir de ello, tienes que lograr vencer a ese villano.

Puede que le pongan nombres muy bonitos, pero la realidad es que somos un poco vagos a la hora de cumplir con nuestras tareas. Incluso con las que, en teoría, nos gustan.

Los tres tipos de procastinación (o vagancia, seamos claros).

A la hora de NO cumplir con tu tarea puedes ponerte tres excusas básicas, que debes saber identificar de forma fácil y rápida para poder acabar con ellas cuanto antes.

No me gusta y/o no sé hacerlo.

Normalmente ponemos esa excusa y nos quedamos atascados, sin posibilidad de dar un paso adelante. Y en ambos casos la solución es la misma y es bien sencilla: busca a alguien que lo haga por ti.

Ahora me pondrás otra excusa: “¿no tengo dinero y quieres que pague a alguien?”.

Y yo te responderé lo que suelo decir a la gente que me pone esa excusa: para montar un negocio hace falta un mínimo de inversión.

Si no tienes ese mínimo, no deberías plantearte empezar hasta que no lo hayas reunido, pues no lograrás nada y será muy frustrante trabajar y trabajar y no lograr ningún objetivo. Puedes buscar aquí ideas para financiarte.

Céntrate en lo que sabes hacer: lo harás bien y rápido, y será muy rentable trabajar en ello. Primero a nivel anímico, pues verás que adelantas el trabajo y estarás feliz haciendo lo que te gusta.

Pero también a nivel económico. Si trabajas en lo que controlas, tardarás menos y tu tiempo será muy productivo, dejando otras tareas (que no te gustan tanto o que no dominas tan bien) en manos de gente más especializada. Al final, verás que no sale tan caro.

Piensa, en este sentido, en el hecho de dejar en manos de una gestoría todo (o casi todo) el papeleo. Existen también aplicaciones que te ayudan a facturar y a controlar tu contabilidad, facilitando el trabajo posterior a la gestoría.

En ese nivel encontramos también el diseño de tu web y de tu tienda online: si no es eso a lo que te dedicas, quizás delegar esa tarea sea lo más productivo para ti.

Me gusta mucho, lo dejo para el final.

Ésta es mi excusa favorita, la que más utilizo. Me centro en tareas que me gustan menos o proyectos que no me llaman tanto y en los que, finalmente, tardo más, dejando abandonadas otras tareas porque “me gustan mucho”.

Como me gustan pienso que no tardaré y que, además, en cualquier momento tendré ganas de enfrentarme a ello.

Nada más lejos de la realidad. Al final, todo trabajo, por mucho que te guste, cansa, y llega el momento de enfrentarte a lo que te gusta y no tienes energías. Incluso, a veces, lo haces a pasar.

Y todo por haberte centrado en otras tareas que, en realidad, eran menos importantes, o menos urgentes.

Aunque volveré sobre este tema, pues merece un post propio, la solución pasa por tener un buen gestor de tareas. De hecho, lo mejor es combinar dos gestores para organizar tu tiempo de forma más precisa.

Si controlas las tareas que debes hacer por su fecha de entrega y, además, controlas el tiempo que necesitarás para cada una, no habrá procastinación posible: a cada momento le corresponde su tarea, con su cantidad exacta de tiempo.

Así irás completando tareas y cumpliendo metas casi sin darte cuenta. Y el esfuerzo invertido estará bien cuantificado y ajustado en fechas y horas.

Es demasiado trabajo, ahora no me da tiempo.

Procastinación, ese gran villano

¡¡¡EXCUSAS!!!

Cierto. Tienes toda la razón. Si pretendes enfrentarte a un proyecto al completo en tan sólo una jornada (o media) de trabajo, ni lo intentes, no te dará tiempo a terminarla.

Puede que lo que acabo de escribir te parezca una exageración, pero esa es una tendencia que todos sufrimos: vemos el proyecto en su conjunto y nos sobrepasa la tarea.

La solución aquí es fácil: tienes que aprender a dividir la tarea en tareas más pequeñas. Y éstas, en subtareas, y esas subtareas tendrás que dividirlas en mini-tareas. Trata de llegar a la mínima tarea posible, y ordénalas por urgencia.

Antes de que te des cuenta, habrás terminado todo el proyecto. Y ni siquiera te habrás cansado, pues el cansancio es más una cuestión mental que una realidad física.

Esta división en tareas más pequeñas tiene una técnica muy precisa, casi matemática (¡¡¡adoro las matemáticas, soy pitagórica perdida!!!) y que, verás cuando te la explique, te encantará por su sencillez.

Pero ahora es el momento de ir dejando las tareas del día, que el descanso es también una parte fundamental dentro de nuestro horario, o debería serlo.

Y tú, ¿qué excusas te pones para no cumplir tu trabajo? ¿qué justificación le das a tu procastinación? No te olvides de contarlo en los comentarios de la parte inferior de este post.

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